El perdón – una de las herramientas básicas para la felicidad

El perdón – una de las herramientas básicas para la felicidad

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Siguiendo con el artículo anterior sobre la culpa, ahora continuamos con el perdón.

Por parte de quien ha sufrido el daño, aparte del dolor, está la pérdida de confianza, quizás grande, quizás pequeña, pero ahí está. Y siempre se debe tomar una decisión, se perdona, o no se perdona, se olvida o no se olvida la ofensa.

Pueden pasar lo siguiente:

  • Que el ofensor haga pida perdón de forma sincera: esto suele incluir una petición de perdón sin excusas, lo que hizo está mal y punto. Si la ofensa fue pública, ayuda el hecho de que la petición de perdón también sea pública. Además el ofensor ofrece o realiza un acto compensador.
    • En estos casos se recomienda el perdón completo, en el que se olvida la ofensa. Suele reforzarse el vínculo entre ambas personas.
  • Que el ofensor pida perdón, pero dé excusas sobre su comportamiento.
    • En este caso se reconoce la falta, pero se justifica. En estos casos es mejor un perdón condicional, en el que se deban cumplir ciertas normas. Tampoco se debe olvidar, y no está de más estar alerta. La confianza en este caso se ve minada, y se puede debilitar la relación temporalmente. Sólo el tiempo y comportamiento futuro dirá si volverá a reforzarse.
  • Que el ofensor no renozca la falta (habitual en personalidades narcisistas)
    • En este caso se produce mucha confusión. Mina completamente la confianza y en la mayor parte de casos rompe con la relación, y quizás sea lo más recomendable, ya que si no puede provocar dependencia y baja autoestima.

Pero para perdonar hay que ser muy fuerte porque hay que superar el miedo a que se vuelva a repetir, a que la otra persona nos vuelva a hacer daño. No es fácil incluso cuando se quiere perdonar.

De todas formas hay otra forma de clasificar el perdón:

  • El perdón externo: en el que se le perdona a la persona ofensora, se le comunica directa o indirectamente y se mantiene una relación con ella.
  • El perdón interno: donde dejamos de odiar, de sentir ira hacia la persona ofensora. Pero no necesariamente nos relacionamos con ella ni se lo comunicamos.

El perdón interno es importante para sentirnos bien con nosotros mismos. Dice un cuento:

Dos prisioneros que habían estado viviendo en la misma celda, y que habían sido torturados y abusados vilmente por sus carceleros, se encuentran años después de haber sido liberados. Después de hablar un rato le pregunta uno al otro:

  • Oye, ¿te acuerdas todavía de nuestros antiguos carceleros?
  • Todos y cada uno de los días de mi vida, los odio con todo mi alma.
  • Entonces sigues siendo su prisionero.

Sergio Martínez

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